Junto
al entendimiento general de las tecnologías como extensiones siguió
germinando la concepción específica de las tecnologías de la
comunicación, y los medios masivos, como prolongaciones del sistema
nervioso del hombre, idea ya presente en el siglo XIX. Nuevos rastros
pueden ubicarse hacia la década iniciada en 1920 cuando, desde
campos disciplinarios diversos, Pierre Teilhard de Chardin, Edouard
Le Roy y Vladimir Vernadsky formularon el concepto de noosfera, una
suerte de medio ambiente transformado por el conocimiento y las
prácticas de la humanidad. Teilhard de Chardin incluía en el
concepto un nuevo y alto estadio evolutivo hegemonizado por una mente
global que, como una membrana electrónica, cubriría el planeta
mediante la comunión de condiciones espirituales y tecnológicas. En
un texto publicado en 1947 proponía examinar “el órgano
‘cerebroide’ de la noosfera”: “¿Cómo no ver el papel
constructor desempeñado por (la máquina) en la eclosión de una
conciencia verdaderamente colectiva? La máquina liberadora, sin
duda, liberando al pensamiento, tanto individual como social, de
cuanto pudiera lastrar su ascensión. Pero la máquina, constructiva
también, ayudando a que los elementos reflexivos de la Tierra se
anuden sobre sí y se concentren bajo forma de un organismo cada vez
más penetrante. Y aquí, naturalmente, pienso, en primer lugar, en
la extraordinaria red de comunicaciones radiofónicas y televisuales
que nos ligan ya a todos, actualmente, en una especie de
co-conciencia etérea, anticipando acaso una sintonización directa
de los cerebros mediante las fuerzas todavía desconocidas de la
telepatía”.
El
mismo entramado de nociones, ese acumulado clima de época, alimenta
los planteos de McLuhan sobre las tecnologías como prolongaciones
del cuerpo y también sobre la aldea global configurada por los mass
media. Tras esbozarlo ya en La
Galaxia Gutenberg, de 1962, de este
modo lo planteó famosamente en La
comprensión de los medios como extensiones del hombre,
de 1964: “Después de tres mil años de explosión por medio de
técnicas fragmentarias y mecánicas, el mundo de Occidente entra en
implosión. Durante las eras mecánicas prolongamos nuestros cuerpos
en el espacio. Hoy en día, después de más de un siglo de técnica
eléctrica, hemos prolongado nuestro propio sistema nervioso central
en un alcance total, aboliendo tanto el espacio como el tiempo. Con
una perspectiva similar, la computadora pudo ser entendida como una
externalización de nuestra conciencia. Pero en aquel mismo párrafo,
sin refutar la función extensiva de las tecnologías, McLuhan
advertía: “Estamos acercándonos rápidamente a la fase final de
las prolongaciones del hombre, o sea la simulación técnica de la
conciencia (...) del mismo modo en que ya hemos prolongado nuestros
sentidos y nuestros nervios valiéndonos de los distintos medios”.
Del
paso a esa nueva fase vamos a ocuparnos próximamente...