Una cuestión poco
desarrollada y que merece un análisis detallado es el devenir de las
ideas filosóficas relacionadas con el itinerario de la CF que pasa
de narrar a la tecnología como extensión del hombre a narrar la
endocolonización humana por la tecnología.
A
lo largo de la civilización técnica, los diversos modos en que el
hombre se ha relacionado con las tecnologías, con objetos,
herramientas y artefactos, fueron interpretados desde diferentes y
hasta antagónicas perspectivas teóricas como una busca de
prolongación o perfección de facultades orgánicas y sensoriales,
corporales o mentales. La concepción de la tecnología como
extensión o intensificación de aptitudes humanas, y el vínculo de
su origen con el cuerpo del hombre, reconoce antiguas fuentes en el
pensamiento occidental. Una se remonta hasta Aristóteles: “La mano
es un instrumento de instrumentos”, escribió. De esa fuente tomó
y desarrolló la idea Ralph Waldo Emerson, hacia 1870: “El cuerpo
humano es el almacén de las invenciones, la oficina de patentes
donde están los modelos que sugirieron todos los aparatos. Todas las
herramientas y las máquinas de la tierra son sólo extensiones de
sus extremidades y sentidos”. También Aristóteles sugirió la
noción a Ernst Kapp, uno de los fundadores del campo específico de
la filosofía de la tecnología. En su obra Líneas
fundamentales de una filosofía de la técnica, publicada en
1877, analiza y enumera diversas tecnologías como
proyecciones de órganos del cuerpo humano, trazando analogías entre
funciones corporales y funciones artefactuales desarrolladas por el
hombre para enfrentar su entorno. Para Kapp, como para el filósofo
griego, “la mano es la herramienta natural de cuya actividad
procede lo artificial, los instrumentos. Suministra, a partir de
todos los modos imaginables de su disposición y movimiento, las
protoformas orgánicas según las cuales el hombre ha conformado
inconscientemente sus primeras y necesarias herramientas (...)
Partiendo de las herramientas primitivas, el concepto se amplía,
ascendiendo hasta las herramientas de los diferentes oficios, las
máquinas de la industria, el armamento de la guerra, los
instrumentos y aparatos del arte y de la ciencia, y engloba, bajo una
única palabra, artefacto, todo el sistema de las necesidades
pertenecientes al ámbito de la técnica”. Kapp empieza asociando
cuerpo e instrumentos: “Al igual que la cabeza del martillo está
prefigurada en el puño, el filo de las herramientas lo está en las
uñas de los dedos y en los incisivos”. Sigue con “los órganos
sensoriales, que, situados en el umbral del mundo exterior y el mundo
interior de los nervios, intermedian entre ambos (…) El ojo es el
órgano de la luz y el modelo de cualquier aparato óptico”.
Explícitamente relaciona medios de transporte y medios de
comunicación: “Los poderosos medios culturales que, como el
ferrocarril y el telégrafo, mantienen hoy las distintas partes del
mundo, por no decir la tierra entera, abrazadas mediante una conexión
ininterrumpida y que desbordan la denominación de aparatos,
resultando ser sistemas”. Y, al pasar, se refiere a “la ya usual
comparación del sistema nervioso con el telégrafo eléctrico”.
Planteos
vinculados o vinculables son recuperados ya en el siglo XX. Hacia
1930, en El malestar en la cultura, escribió Freud:
“Con las herramientas el hombre perfecciona sus órganos -tanto los
motores como los sensoriales- o elimina las barreras que se oponen a
su acción. Las máquinas le suministran gigantescas fuerzas, que
puede dirigir, como sus músculos, en cualquier dirección; gracias
al navío y al avión, ni el agua ni el aire consiguen limitar sus
movimientos. Con la lente corrige los defectos de su cristalino y con
el telescopio contempla las más remotas lejanías (…) Con la ayuda
del teléfono oye a distancia (…) La escritura es, originalmente,
el lenguaje del ausente (…) Diríase que es un cuento de hadas esta
realización de todos o casi todos sus deseos fabulosos, lograda por
el hombre con su ciencia y su técnica, en esta tierra que lo vio
aparecer por primera vez como débil animal (…) El hombre ha
llegado a ser, por así decirlo, un dios con prótesis: bastante
magnífico cuando se coloca todos sus artefactos, pero éstos no
crecen de su cuerpo y a veces aun le procuran muchos sinsabores”.
La mención de la
debilidad original del animal humano alude a la teoría
evolucionista, presupuesta también por Kapp. La relación teórica
es desarrollada en 1954 por el antropólogo Weston La Barre: postula
que las tecnologías modernas producen un nuevo tipo de evolución en
el hombre, prolongando su cuerpo y su sistema sensorial. “Hace
mucho tiempo (el hombre) ha ido más allá de su propia piel
individual en su relación funcional con el mundo. Ahora, la
verdadera unidad evolutiva no es el mero cuerpo del hombre, sino el
complejo del cerebro de la humanidad junto a todos los materiales
extracorporales manipulados por su mano”. Otro antropólogo, Edward
T. Hall, especifica la prolongación tecnológica en un texto de
1959: “Hoy el hombre ha desarrollado extensiones para realizar casi
todos los actos que solía realizar con su cuerpo. La evolución de
las armas comienza en los dientes y el puño y termina en la bomba
atómica. Las ropas y las casas son extensiones del mecanismo
biológico humano para controlar la temperatura. Los muebles han
reemplazado al agacharse o sentarse en el suelo. Las herramientas
eléctricas, las lentes, la televisión, los teléfonos y los libros,
que transmiten la voz a través del tiempo y del espacio, son ejemplo
de extensiones materiales. El dinero es una vía para extender y
almacenar trabajo. Nuestras redes de transporte hacen ahora lo que
solían hacer nuestros pies y espaldas. De hecho, todas las cosas
materiales hechas por el hombre pueden considerarse como extensiones
de lo que alguna vez el hombre hizo con su cuerpo o con alguna parte
especializada de él”.