viernes, 15 de junio de 2012

Las prolongaciones del hombre I


Una cuestión poco desarrollada y que merece un análisis detallado es el devenir de las ideas filosóficas relacionadas con el itinerario de la CF que pasa de narrar a la tecnología como extensión del hombre a narrar la endocolonización humana por la tecnología.
A lo largo de la civilización técnica, los diversos modos en que el hombre se ha relacionado con las tecnologías, con objetos, herramientas y artefactos, fueron interpretados desde diferentes y hasta antagónicas perspectivas teóricas como una busca de prolongación o perfección de facultades orgánicas y sensoriales, corporales o mentales. La concepción de la tecnología como extensión o intensificación de aptitudes humanas, y el vínculo de su origen con el cuerpo del hombre, reconoce antiguas fuentes en el pensamiento occidental. Una se remonta hasta Aristóteles: “La mano es un instrumento de instrumentos”, escribió. De esa fuente tomó y desarrolló la idea Ralph Waldo Emerson, hacia 1870: “El cuerpo humano es el almacén de las invenciones, la oficina de patentes donde están los modelos que sugirieron todos los aparatos. Todas las herramientas y las máquinas de la tierra son sólo extensiones de sus extremidades y sentidos”. También Aristóteles sugirió la noción a Ernst Kapp, uno de los fundadores del campo específico de la filosofía de la tecnología. En su obra Líneas fundamentales de una filosofía de la técnica, publicada en 1877, analiza y enumera diversas tecnologías como proyecciones de órganos del cuerpo humano, trazando analogías entre funciones corporales y funciones artefactuales desarrolladas por el hombre para enfrentar su entorno. Para Kapp, como para el filósofo griego, “la mano es la herramienta natural de cuya actividad procede lo artificial, los instrumentos. Suministra, a partir de todos los modos imaginables de su disposición y movimiento, las protoformas orgánicas según las cuales el hombre ha conformado inconscientemente sus primeras y necesarias herramientas (...) Partiendo de las herramientas primitivas, el concepto se amplía, ascendiendo hasta las herramientas de los diferentes oficios, las máquinas de la industria, el armamento de la guerra, los instrumentos y aparatos del arte y de la ciencia, y engloba, bajo una única palabra, artefacto, todo el sistema de las necesidades pertenecientes al ámbito de la técnica”. Kapp empieza asociando cuerpo e instrumentos: “Al igual que la cabeza del martillo está prefigurada en el puño, el filo de las herramientas lo está en las uñas de los dedos y en los incisivos”. Sigue con “los órganos sensoriales, que, situados en el umbral del mundo exterior y el mundo interior de los nervios, intermedian entre ambos (…) El ojo es el órgano de la luz y el modelo de cualquier aparato óptico”. Explícitamente relaciona medios de transporte y medios de comunicación: “Los poderosos medios culturales que, como el ferrocarril y el telégrafo, mantienen hoy las distintas partes del mundo, por no decir la tierra entera, abrazadas mediante una conexión ininterrumpida y que desbordan la denominación de aparatos, resultando ser sistemas”. Y, al pasar, se refiere a “la ya usual comparación del sistema nervioso con el telégrafo eléctrico”.
Planteos vinculados o vinculables son recuperados ya en el siglo XX. Hacia 1930, en El malestar en la cultura, escribió Freud: “Con las herramientas el hombre perfecciona sus órganos -tanto los motores como los sensoriales- o elimina las barreras que se oponen a su acción. Las máquinas le suministran gigantescas fuerzas, que puede dirigir, como sus músculos, en cualquier dirección; gracias al navío y al avión, ni el agua ni el aire consiguen limitar sus movimientos. Con la lente corrige los defectos de su cristalino y con el telescopio contempla las más remotas lejanías (…) Con la ayuda del teléfono oye a distancia (…) La escritura es, originalmente, el lenguaje del ausente (…) Diríase que es un cuento de hadas esta realización de todos o casi todos sus deseos fabulosos, lograda por el hombre con su ciencia y su técnica, en esta tierra que lo vio aparecer por primera vez como débil animal (…) El hombre ha llegado a ser, por así decirlo, un dios con prótesis: bastante magnífico cuando se coloca todos sus artefactos, pero éstos no crecen de su cuerpo y a veces aun le procuran muchos sinsabores”.
La mención de la debilidad original del animal humano alude a la teoría evolucionista, presupuesta también por Kapp. La relación teórica es desarrollada en 1954 por el antropólogo Weston La Barre: postula que las tecnologías modernas producen un nuevo tipo de evolución en el hombre, prolongando su cuerpo y su sistema sensorial. “Hace mucho tiempo (el hombre) ha ido más allá de su propia piel individual en su relación funcional con el mundo. Ahora, la verdadera unidad evolutiva no es el mero cuerpo del hombre, sino el complejo del cerebro de la humanidad junto a todos los materiales extracorporales manipulados por su mano”. Otro antropólogo, Edward T. Hall, especifica la prolongación tecnológica en un texto de 1959: “Hoy el hombre ha desarrollado extensiones para realizar casi todos los actos que solía realizar con su cuerpo. La evolución de las armas comienza en los dientes y el puño y termina en la bomba atómica. Las ropas y las casas son extensiones del mecanismo biológico humano para controlar la temperatura. Los muebles han reemplazado al agacharse o sentarse en el suelo. Las herramientas eléctricas, las lentes, la televisión, los teléfonos y los libros, que transmiten la voz a través del tiempo y del espacio, son ejemplo de extensiones materiales. El dinero es una vía para extender y almacenar trabajo. Nuestras redes de transporte hacen ahora lo que solían hacer nuestros pies y espaldas. De hecho, todas las cosas materiales hechas por el hombre pueden considerarse como extensiones de lo que alguna vez el hombre hizo con su cuerpo o con alguna parte especializada de él”.