Con
alguna demora, retomamos acá el hilo que veníamos tendiendo en las
entradas tituladas "Las prolongaciones del hombre".
La
homologación de entidades que supone el paradigma informático,
dominante desde mediados del siglo XX, pone en tensión el
entendimiento de las tecnologías como extensiones del hombre. La
compatibilidad entre máquinas y humanos propiciada por la noción de
información puede interpretarse como un facilitador de la
prolongación de aptitudes, es decir, de la tradicional función
protésica. Pero la compatibilidad también ha instrumentado un
proceso de endocolonización del hombre, de intrusión del artefacto
en la carne humana que resulta difícil de acotar a la idea de
extensión de facultades: “Habiendo ya contribuido durante mucho
tiempo a la colonización de la extensión geográfica del cuerpo
territorial y del corazón geológico de nuestro planeta, el reciente
progreso en las ciencias y tecnociencias ha causado hoy una
colonización gradual de los órganos y las entrañas del cuerpo
animal del hombre, la invasión de la conclusión microfísica del
trabajo que comenzó la invasión geofísica. Esta es la última
figura política de un proceso de domesticación que, habiendo
alterado genéticamente especies animales y condicionado socialmente
poblaciones humanas, ahora anuncia la era de los componentes
personales. Hoy, en efecto, el lugar donde sucede el estado del arte
de la tecnología ya no es tanto el espacio ilimitado de un ambiente
planetario o cósmico infinitamente vasto, sino el espacio
infinitesimal de nuestros órganos internos, de las células que
componen la materia viva de nuestros órganos”, escribió Virilio.
La
noción de que todas las entidades existentes son sistemas de
información permite concebir el diseño y la recreación no sólo de
los seres vivos y del mismo hombre -cortesía de la ingeniería
genética-, sino también de la completa realidad. En su interacción
con el hombre, las máquinas infotécnicas alumbran un mundo virtual.
Para Baudrillard, “la
simulación no corresponde a un territorio, a
una referencia, a una sustancia, sino que es la generación por los
modelos de algo real sin origen ni realidad: lo hiperreal. El
territorio ya no precede al mapa ni le sobrevive. En adelante será
el mapa el que preceda al territorio -precesión de los simulacros- y
el que lo engendre (...)
Lo
real es producido a partir de células miniaturizadas, de matrices y
de memorias, de modelos de encargo- y a partir de ahí puede ser
reproducido un número indefinido de veces”.
¿Involucra entonces
el proceso infotécnico una transformación del hombre y su relación
con la tecnología? Las respuestas posibles pueden ser, en ciertos
aspectos, contradictorias. En un sentido, la evolución del hombre es
concomitante al desarrollo tecnológico; su apropiación de
conocimientos y procedimientos modificó el ambiente y a los seres
vivos, mediante la producción agropecuaria, la explotación de
minerales, la medicina humana, por dar ejemplos evidentes. Desde esta
perspectiva, se puede entender que el proceso que aquí se denomina
“fase infotécnica” implica una continuidad histórica en la
relación del hombre, las tecnologías y el medioambiente, aun cuando
instrumenta una endocolonización: “Si hay hombre es porque una
tecnología lo ha hecho evolucionar a partir de lo prehumano;
entonces ella es la verdadera productora de seres humanos, o el plano
sobre el cual puede haberlos. De modo que los seres humanos no se
encuentran con nada nuevo cuando se exponen a sí mismos a la
subsiguiente creación y manipulación, y no hacen nada perverso si
se cambian a sí mismos autotecnológicamente”, anotó Sloterdijk
En un sentido
contrario, otras interpretaciones consideran que los desarrollos
infotécnicos de la computación digital y las biotecnologías, “con
sus potencialidades demiúrgicas (...) estarían inaugurando algo
fundamentalmente nuevo en la historia humana”, que gracias a una
homologación universal supera las limitaciones preexistentes y
configura una vasta capacidad generativa: “La rigidez
característica del mundo analógico, constituido por átomos
frecuentemente incompatibles entre sí, restringía las posibilidades
de variación dentro de los límites finitos, discretos y
perfectamente cuantificables. Ahora, bajo la perspectiva de la
digitalización universal, y con el horizonte de conversión de todos
los átomos en bits, eso también está cambiando”, planteó
Sibilia. El paradigma de la información inmaterial y la
digitalización universal habilitan a las nuevas tecnociencias a
romper la continuidad con la historia precedente en múltiples
ámbitos: por ejemplo, con la ingeniería genética y la realidad
virtual.
El corolario de
estas interpretaciones es la emergencia del posthumano, el ser humano
modificado por la infotécnica: “En adelante, los hombres serían
asumidos, por sobre todo, como entidades que procesan información,
esencialmente similares a las máquinas inteligentes” -propuso
Katherine Hayles- y, además compatibles con las computadoras. El
cuerpo humano resultaría apenas la prótesis original, una de las
posibles encarnaciones contingentes del patrón informático
fundante, y la conciencia -hasta entonces eje de la identidad
occidental moderna- resultaría escasamente su epifenómeno. “En el
posthumano -según la misma Hayles-, no hay diferencias esenciales ni
demarcaciones absolutas entre la existencia corporal y la simulación
computarizada, entre el mecanismo cibernético y el organismo
biológico, entre la teleología de robot y los objetivos humanos.”