sábado, 30 de junio de 2012

La intromisión de la máquina


   Con alguna demora, retomamos acá el hilo que veníamos tendiendo en las entradas tituladas "Las prolongaciones del hombre".
   La homologación de entidades que supone el paradigma informático, dominante desde mediados del siglo XX, pone en tensión el entendimiento de las tecnologías como extensiones del hombre. La compatibilidad entre máquinas y humanos propiciada por la noción de información puede interpretarse como un facilitador de la prolongación de aptitudes, es decir, de la tradicional función protésica. Pero la compatibilidad también ha instrumentado un proceso de endocolonización del hombre, de intrusión del artefacto en la carne humana que resulta difícil de acotar a la idea de extensión de facultades: “Habiendo ya contribuido durante mucho tiempo a la colonización de la extensión geográfica del cuerpo territorial y del corazón geológico de nuestro planeta, el reciente progreso en las ciencias y tecnociencias ha causado hoy una colonización gradual de los órganos y las entrañas del cuerpo animal del hombre, la invasión de la conclusión microfísica del trabajo que comenzó la invasión geofísica. Esta es la última figura política de un proceso de domesticación que, habiendo alterado genéticamente especies animales y condicionado socialmente poblaciones humanas, ahora anuncia la era de los componentes personales. Hoy, en efecto, el lugar donde sucede el estado del arte de la tecnología ya no es tanto el espacio ilimitado de un ambiente planetario o cósmico infinitamente vasto, sino el espacio infinitesimal de nuestros órganos internos, de las células que componen la materia viva de nuestros órganos”, escribió Virilio.
La noción de que todas las entidades existentes son sistemas de información permite concebir el diseño y la recreación no sólo de los seres vivos y del mismo hombre -cortesía de la ingeniería genética-, sino también de la completa realidad. En su interacción con el hombre, las máquinas infotécnicas alumbran un mundo virtual. Para Baudrillard, “la simulación no corresponde a un territorio, a una referencia, a una sustancia, sino que es la generación por los modelos de algo real sin origen ni realidad: lo hiperreal. El territorio ya no precede al mapa ni le sobrevive. En adelante será el mapa el que preceda al territorio -precesión de los simulacros- y el que lo engendre (...) Lo real es producido a partir de células miniaturizadas, de matrices y de memorias, de modelos de encargo- y a partir de ahí puede ser reproducido un número indefinido de veces”.
¿Involucra entonces el proceso infotécnico una transformación del hombre y su relación con la tecnología? Las respuestas posibles pueden ser, en ciertos aspectos, contradictorias. En un sentido, la evolución del hombre es concomitante al desarrollo tecnológico; su apropiación de conocimientos y procedimientos modificó el ambiente y a los seres vivos, mediante la producción agropecuaria, la explotación de minerales, la medicina humana, por dar ejemplos evidentes. Desde esta perspectiva, se puede entender que el proceso que aquí se denomina “fase infotécnica” implica una continuidad histórica en la relación del hombre, las tecnologías y el medioambiente, aun cuando instrumenta una endocolonización: “Si hay hombre es porque una tecnología lo ha hecho evolucionar a partir de lo prehumano; entonces ella es la verdadera productora de seres humanos, o el plano sobre el cual puede haberlos. De modo que los seres humanos no se encuentran con nada nuevo cuando se exponen a sí mismos a la subsiguiente creación y manipulación, y no hacen nada perverso si se cambian a sí mismos autotecnológicamente”, anotó Sloterdijk
En un sentido contrario, otras interpretaciones consideran que los desarrollos infotécnicos de la computación digital y las biotecnologías, “con sus potencialidades demiúrgicas (...) estarían inaugurando algo fundamentalmente nuevo en la historia humana”, que gracias a una homologación universal supera las limitaciones preexistentes y configura una vasta capacidad generativa: “La rigidez característica del mundo analógico, constituido por átomos frecuentemente incompatibles entre sí, restringía las posibilidades de variación dentro de los límites finitos, discretos y perfectamente cuantificables. Ahora, bajo la perspectiva de la digitalización universal, y con el horizonte de conversión de todos los átomos en bits, eso también está cambiando”, planteó Sibilia. El paradigma de la información inmaterial y la digitalización universal habilitan a las nuevas tecnociencias a romper la continuidad con la historia precedente en múltiples ámbitos: por ejemplo, con la ingeniería genética y la realidad virtual.
El corolario de estas interpretaciones es la emergencia del posthumano, el ser humano modificado por la infotécnica: “En adelante, los hombres serían asumidos, por sobre todo, como entidades que procesan información, esencialmente similares a las máquinas inteligentes” -propuso Katherine Hayles- y, además compatibles con las computadoras. El cuerpo humano resultaría apenas la prótesis original, una de las posibles encarnaciones contingentes del patrón informático fundante, y la conciencia -hasta entonces eje de la identidad occidental moderna- resultaría escasamente su epifenómeno. “En el posthumano -según la misma Hayles-, no hay diferencias esenciales ni demarcaciones absolutas entre la existencia corporal y la simulación computarizada, entre el mecanismo cibernético y el organismo biológico, entre la teleología de robot y los objetivos humanos.”